lunes, 1 de noviembre de 2010

Muertos 2

Don Juan es el monstruo masculino exacerbado, el sueño fetichista del varón: pendenciero, jugador, mentiroso y, sobre todo, mujeriego. El mejor relaciones públicas de sí mismo, tiene su propio Robin encarnado en Ciuti, una némesis que es además reflejo negativo de sí mismo (ese calzonazos de segunda fila que es Don Luis), un grupito de acólitos donde hay alguien con nombre tan pintoresco como el Capitán Centellas, y hasta su novia infinitamente eterna, en tanto es monja y está, en teoría, fuera del alcance de sus ripios. No es de extrañar que Zorrilla comience su obra ataviando a Don Juan y a todos cuantos se reúnen en la taberna con antifaces y máscaras.
Don Juan es el arquetipo del macho que piensa con la bragueta, un monstruo de depravación, infantil y caprichoso, para quien el juego del amor no sirve si no lo cuenta. Lo que llamamos un fantasma. No sorprende tampoco que su obra se represente todavía en Halloween (para nosotros, Tosantos), la fiesta de los muertos vivientes de los niños disfrazados.
Bien mirado, Don Juan es un pobre diablo que se ve venir el tiempo encima, tanto el de su propia edad biológica como el que arrastra el cambio de las modas sociales. Por eso todavía nos fascina, por eso intentamos comprenderlo y justificarlo a la luz de ahora, cuando el juego de las seducciones está a la orden del día en ambos sexos y los versos al oído no pueden escucharse entre el estrépito de la música moderna.
Residuo de gestas imperiales, españolito que entrelaza su leyenda de conquistador sexual con la de matarife sin escrúpulos, hemos cometido la torpeza de olvidar lo segundo a despecho de escandalizarnos por lo primero.
Pero tranquilos: la Santa Inquisición vela por nosotros y se encarga de enviar al caballero seductor a los infiernos, convirtiéndolo ya no sólo en un fantasma, sino en un pobre diablo arrepentido.

http://crisei.blogalia.com/historias/64973

No hay comentarios: