viernes, 14 de mayo de 2010

Columna-Pilar



En ARQUITECTURA, el elemento más rudimentario de sustentación es el poste, que originalmente fue un tronco de madera. Más tarde, cuando los medios productivos lo permieron, comenzó a utilizarse la piedra para la construcción de sustentos más perdurables. Así surgió la columna, y el pilar.

La COLUMNA comparte con el poste su forma redondeada, que refleja las formas naturales del árbol, símbolo de la vida. Suele estar coronada por un capitel, que se decora para simbolizar las hojas del árbol o las flores. Entre la columna y el suelo puede colocarse una basa. El tronco se denomina fuste, y puede estar estriado o acanalado, imitando la forma de la corteza del árbol, o bien puede ser liso.En armonía con la construcción surgirán los diferentes órdenes, como intermediarios entre los elementos de carga y los de sostén. Estos órdenes están marcados principalmente por la forma del capitel.


El PILAR es un elemento sustentante de sección cuadrada o poligonal, que si forma cuerpo con la pared se denomina pilastra. Puede llevar columnas adosadas, convirtiéndose en pilar compuesto. Si son múltiples columnillas, como es el caso del pilar gótico, se denomina a cada una de estas columnillas baquetón.

jueves, 13 de mayo de 2010

Urbanismo social

"La política de vivienda, que ha de ser al mismo tiempo una política de ayudas sociales, de centros históricos y de barrios, ha de definirse desde la realidad cotidiana, con unos criterios rectores que deben ser muy distintos de los que inspiran al sector privado:
a. guiados por el beneficio social, y no por el lucro económico;
b. en forma de pequeñas intervenciones insertas en tejidos sociales vulnerables, tendentes a la mayor integración arquitectónica y social, y no de grandes conjuntos suburbanos uniformes;
c. integrados en el entorno urbano, con rechazo de la implantación autista;
d. aprovechando las dotaciones existentes, y no generando en otro lugar nuevas necesidades locales globalmene innecesarias;
e. reforzando las relaciones sociales, y no debilitándolas;
f. impulsando la rotación del parque edificado, y no contribuyendo a la aceleración de su ibsolescencia.

Prafraseando a Vittorio Magnano Lampugnani, es necesario un urbanismo de lo normal, en lugar de un urbanismo entendido como organización del mercado del suelo, o del espectáculo político."


Ramón Betrán Abadía, De aquellos barros, estos lodos. La política de vivienda en la España franquista y postfranquista, Acciones e Investigaciones Sociales (Octubre, 2002)

miércoles, 12 de mayo de 2010

Trampa, antojo

¿Engaña el ojo?, pues ya serán los dos, salvo sartreana determinación.
Juego con la perspectiva, con el zoom, con los efectos derivados del plano inclinado, y con una iluminación que ya la quisieran para sí los del siglo de la idem, al menos en esta ciudad.
Me sitúo como a doscientos metros más alto, de palomero, y a unos 10 kilómetros al sur del cruce del cardo y del decumano caesaraugustano. Hago click, y aparecen a mi lado la torre de la Seo (ex minarete de la Mezquita Blanca) y las cuatro torres de la basílica concatedral, todo de vez, amén de plusvalías urbanísticas varias, que es que esta ciudad ya casi no la reconoce ni la legión que la parió. Como por encima de la Seo, que no es vela de cumpleaños, no señor, el humo del papel ese que olemos más que vemos, en ciertas noches. Qué rico.
Todo lo que hay enmedio, asemeja suelo estepario susceptible de ser planeado, recalificado, urbanizado, en la carrera por el millón de habitantes.

¿Trampa, o antojo?

martes, 11 de mayo de 2010

Hagia Pistis

Fue Fe (Πίστις, Pistis) una niña romano-cristiana en los comienzos del siglo IV de nuestra era, oriunda de Aquitania, o de Lusitania tal vez, ajusticiada cuando los emperadores Diocleciano y Maximiano, convertida por los cristianos en Santa (Άγια, Hagia), y venerada por la Iglesia Ortodoxa, la Católica Romana, y la Comunión Anglicana.
En el término municipal de Zaragoza se encuentra el Monasterio de Santa Fe, cisterciense de mediados del siglo XIV, sobre una ermita junto a la Huerva dedicada a la Virgen de Santa Fe. No conserva restos de esa época, y su actual fábrica (iglesia, puerta principal y recinto amurallado con torreones cilíndricos), es de finales del XVIII. Ideada por un discípulo de Ventura Rodríguez, la iglesia es descomunal, y se ve perfectamente desde la autovía, desde el manantial de Fita, mejor desde la casa familiar de los Fita en Acampo, y mejor aún desde el Palomar de la Cota 391.
Construida en mampostería de yeso y ladrillo, es de planta basilical, tres naves (la central más ancha y alta), sólidos contrafuertes, y crucero con enorme cúpula octogonal y remate en linterna, flanqueada en el lado derecho de la fachada por una torre de tres cuerpos.
La puerta de entrada al recinto amurallado lleva en la fecha de
1797. Es de ladrillo en arco de medio punto, flanqueado por pilastras corintias, y un segundo cuerpo con relieve asuncionista en yeso enmarcado por tremendo óvalo. Casi todas sus figuras de bulto han perdido la cabeza.
Desamortizado desde los tiempos de Mendizábal, la iglesia pertenece a varios propietarios particulares. El estado de conservación del monasterio es precario, y algunos ciudadanos solicitan a diferentes instituciones públicas del Estado que inviertan dinero público en su recuperación. Ni los propietarios legales, ni la iglesia católica, son interpelados al respecto. Es Monumento Nacional desde abril de 1979, apenas unos días después de las primeras elecciones municipales democráticas tras el franquismo.

lunes, 10 de mayo de 2010

Mont Pélerin

El neoliberalismo nació tras la Segunda Guerra Mundial, en una región de Europa y de América del Norte donde imperaba el capitalismo, como reacción teórica y política contra el Estado intervencionista y de Bienestar. Su texto de origen es Camino de Servidumbre, de Friedrich Hayek (1944), un ataque contra cualquier limitación de los mecanismos del mercado por parte del Estado, denunciada como una amenaza letal a la libertad, no solamente económica sino también política. El mensaje de Hayek era drástico: “A pesar de sus buenas intenciones, la socialdemocracia moderada conduce al mismo desastre que el nazismo alemán: a una servidumbre moderna”.
En 1947, cuando las bases del Estado de Bienestar en la Europa de posguerra se constituían, Hayek convocó a quienes compartían su orientación ideológica a una reunión en Mont Pélerin, Suiza. Entre los participantes estaban adversarios firmes del Estado de Bienestar europeo y del New Deal norteamericano: Milton Friedman, Karl Popper, Lionel Robbins, Ludwig Von Mises, Walter Eukpen, Walter Lippman, Michael Polanyi y Salvador de Madariaga. Fundaron la Sociedad de Mont Pélerin, una suerte de franco masonería neoliberal, altamente dedicada y organizada, con reuniones internacionales cada dos años para combatir el keynesianismo y el solidarismo reinantes, y preparar las bases de otro tipo de capitalismo, duro y libre de reglas, para el futuro.
Las condiciones no eran favorables: el capitalismo avanzado estaba entrando en una larga fase de auge sin precedentes, presentando el crecimiento más rápido de su historia durante las décadas de los ‘50 y ‘60. No parecían muy verosímiles las advertencias neoliberales de los peligros que representaba cualquier regulación del mercado por parte del Estado.
Hayek y sus compañeros argumentaban que el nuevo “igualitarismo” de este período (ciertamente relativo), promovido por el Estado de Bienestar, destruía la libertad de los ciudadanos y la vitalidad de la competencia, de la cual dependía la prosperidad de todos. Desafiando el consenso oficial de la época argumentaban que la desigualdad era un valor positivo en sí mismo. Este mensaje permaneció en teoría por más o menos veinte años.
Con la llegada de la gran crisis del modelo económico de posguerra, en 1973, y el mundo capitalista avanzado cayó en una larga y profunda recesión combinando bajas tasas de crecimiento con altas tasas de inflación, todo cambió. Las ideas neoliberales ganaron terreno.

Perry, Anderson. Neoliberalismo: un balance provisional (2003)

domingo, 9 de mayo de 2010

Loos

Cuando nace un ser humano, sus impresiones sensoriales son iguales a las de un perro recién nacido. Su infancia pasa por todas las transformaciones que corresponden a aquellas por las que pasó la historia del género humano. A los dos años, lo ve todo como si fuera un papúa. A los cuatro, como un germano. A los seis, como Sócrates y a los ocho como Voltaire. Cuando tiene ocho años, percibe el violeta, color que fue descubierto en el siglo XVIII, pues antes el violeta era azul y el púrpura era rojo.

El niño es amoral. El papúa también lo es para nosotros. El papúa despedaza a sus enemigos y los devora. No es un delincuente, pero cuando el hombre moderno despedaza y devora a alguien entonces es un delincuente o un degenerado.

Todo arte es erótico. El primer ornamento que surgió, la cruz, es de origen erótico. La primera obra de arte, la primera actividad artística que el artista pintarrajeó en la pared, fue para despojarse de sus excesos. Una raya horizontal: la mujer yacente. Una raya vertical: el hombre que la penetra. El que creó esta imagen sintió el mismo impulso que Beethoven, estuvo en el mismo cielo en el que Beethoven creó la Novena Sinfonía.

Pero el hombre de nuestro tiempo que, a causa de un impulso interior, pintarrajea las paredes con símbolos eróticos, es un delincuente o un degenerado. Obvio es decir que en los retretes es donde este impulso invade del modo más impetuoso a las personas con tales manifestaciones de degeneración. Se puede medir el grado de civilización de un país atendiendo a la cantidad de garabatos que aparezcan en las paredes de sus retretes.

Ornamento y delito, Adolf Loos (1908)

sábado, 8 de mayo de 2010

Tormentas

Thunderstorms
My mind has thunderstorms,
That brood for heavy hours:
Until they rain me words;
My thoughts are drooping flowers
And sulking, silent birds.
Yet come, dark thunderstorms,
And brood your heavy hours;
For when you rain me words,
My thoughts are dancing flowers
And joyful singing birds.

William H. Davies (1913-1915)

Tormentas
Mi mente tiene tormentas,
que forma durante tristes horas:
Hasta que me llueven palabras;
Mis pensamientos son flores marchitas,
Y enfurruñados, silenciosos pájaros.
Sin embargo vendrán, tormentas oscuras,
formadas durante tus laboriosas horas;
Y cuando me lluevan tus palabras,
Mis pensamientos serán flores danzarinas
Y alegres pájaros cantando.

William H. Davies (1913-1915)