miércoles, 13 de enero de 2010

Teatro


De Roma nos llegó el teatro como espectáculo pragmático y político, como lugar de reunión privilegiado para el entrenamiento conductual y la ostentación social. El edificio teatral fue el lugar de reunión del pueblo y las autoridades en el que mejor escenificar el statu quo clasista de Caesar Augusta. Por eso, y ya como ciudad del Imperio del siglo I de nuestra era, incluyó un teatro de piedra, de dimensiones grandes e inmponentes, en su desarrollo urbanístico, inserto en la dinámica red de teatros peninsulares. Los "bolos" por las provincias trajeron a estos lares, de la mano de prestigiosos actores, las mejores obras de Plauto (Miles gloriosus, Captivi, Curculio, Pseudolus, Poemulus, Aulularia..., tipos populares emparentados con una comedia picaresca reflejo de una pícara sociedad) y Terencio (Andria, Hecyra, Heautontimorúmenos, Eunuchos, Phornio, Adelphi, comedias de corte un tanto más aristocrático).

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